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Guantera

Kavinsky: Zombie al volante

Si nombro a Vincent Belorgey, quizás solo unos pocos eruditos sabrán de quien hablo. Pero si recurro a su seudónimo artístico, Kavinsky, a muchos ya les resultará más familiar.

Rayban Wayfarer, peinado a lo Sonny Crockett y camiseta con motivos de Testarossa… ¿Hay algo más ochentero?
Este disc-jockey de origen francés es uno de los artistas más importantes dentro del synthpop –pop sintetizado–, un género que nació a finales de la década de los setenta y que alcanzó su máximo auge en los maravillosos ochenta. Dicho género se caracteriza por el uso —y abuso— de sintetizadores, y deriva de la música electrónica combinada con música disco, new wave y pop, sazonado todo con ciertos toques de rock. Es como una receta perfecta que en la actualidad ha recobrado popularidad, en parte gracias a artistas como Belorgey.

Yamaha DX7, el sintetizador favorito de Kavinsky, con el que grabó la totalidad de Teddy Boy

Primeros años:
Como él dice, su música está basada en el centenar de películas que vio cuando era niño, y que marcaron su infancia y su estilo musical. El cine siempre ha sido otras de sus pasiones, y por ello probó suerte como actor en cortometrajes y mediometrajes de mínima repercusión.

La incursión de Vincent en la música electrónica fue debido a una casualidad, cuando un buen amigo le regaló en 2003 un viejo Mac, que iba a tirar, porque sabía que era un gran fan de los videojuegos. Pero en vez de usarlo para jugar se dedicó a componer música. Empezó a despuntar cuando su amigo y director Quentin Dupieux incluyó obras suyas en su filme Steak. Durante ese periodo crea su primer single, Testarossa Autodrive, inspirado en el mítico deportivo de la firma del cavallino, un icono de los ochenta y su coche favorito. Vincent le presenta el single a su amigo Quentin, que queda tan encantado con el sonido que lo envia a Record Masters, un sello discográfico que decide firmar con Vincent.
Con dicho sello lanza tres EP: Teddy Boy (2006), 1986 (2007), y Nightcall (2010)

Kavinsky:
Vincent creó a Kavinsky, no como un seudónimo, sino como un personaje ficticio, un alter ego que en el año 1986 sufre un accidente a bordo de su Ferrari Testarossa. No solo fallece en él, sino que se convierte en un zombi que siente la necesidad de crear música electrónica para poder narrar su historia a través de ella.

Uno de sus temas más conocidos, NightCall, incluido en la banda sonora de Drive —película de culto de la que hablaremos próximamente— narra la conversación telefónica que tiene con su novia después del accidente, en la que le cuenta que tiene algo difícil de explicar.

Singles como Testarossa Autodrive, 1986 o Roadgame son verdaderas declaraciones de intenciones, y dan una idea de la calidad del músico galo. Pero mención aparte merece Protovision, una fantástica creación ensombrecida por un videoclip que consigue transportarnos a las persecuciones más oscuras de los filmes de los años ochenta. Y es que las maniobras que el icónico Ferrari Testarossa —rojo, como debe ser— ejecuta en pantalla, son una delicatessen para la vista.

La música oscura de Kavinsky será nuestra compañera de viaje ideal cuando surquemos una gran urbe vacía, siempre mejor de noche, que es cuando aparecen los zombis.

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