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Garaje

Museo Nazionale Dell’ Automobile

Visitamos uno de los mejores museos del mundo

El pasado mes de septiembre, Mr.T y una servidora nos encontrábamos de viaje hacía Suiza —habíamos partido de Niza sobre las 7:00 en medio de una fuerte lluvia—, cuando a las 10:00 de la mañana decidimos hacer alto en la ciudad de Turín, pues nunca la habíamos visitado y consideramos que un par de horas para pasear por el casco antiguo y tomar un café serían suficientes para hacerse una idea del lugar y decidir si volver en un futuro para dedicarle más atención. Hasta que pasamos por delante del Museo Nazionalle Dell’ Automobile y la planificación que habíamos trazado durante las dos horas anteriores se fue al garete.


El imponente edificio era como un agujero negro y atraía a dos petrolheads como nosotros irremediablemente a su interior. El precio de las entradas, 12€ por persona, no suponían ningún hándicap. Y el hecho e ir con dos perros… se nos olvidaba que estábamos en Europa y allí nuestros peludos son bien recibidos en la mayoría de lugares. Ante el cúmulo de facilidades, no pudimos más que entrar y disfrutar del espectáculo

¿Uno de los mejores del mundo?

Si no el mejor. Nadie como los italianos para mostrar su historia con orgullo y pasión. Y no es para menos, pues del país de la bota han nacido los mejores deportivos del mundo, marcas reconocidas a nivel mundial, y algunos de los conceptos más avanzados del pasado siglo. Pero el museo no solo se centraba en el producto nacional, si no que hacía un repaso por la historia del automóvil desde los inicios hasta la actualidad.

Nadie como los italianos para mostrar su historia con orgullo y pasión

Nada más entrar, nos dio la bienvenida un precioso Alfa Romeo Disco Volante, escoltado por cinco majestuosas unidades de Ferrari 166 en diferentes carrocerías, que celebraban el 70 aniversario de uno de los modelos más importantes de la marca. Unos suculentos entrantes que nos abrieron el apetito para degustar la historia del automóvil como jamás lo habíamos hecho.


Unas escaleras mecánicas nos llevaron hasta la tercera planta del edificio, donde daba inicio un recorrido cronológico, perfectamente indicado, por los primeros pasos del automovilismo. Vehículos de finales del SXIX y principio del siglo XX estaban perfectamente representados por unidades de marcas como Renault, Mercedes, Rolls Royce. Y a la par que andábamos por los años, repasábamos la historia de la humanidad y los acontecimientos que el mundo experimentaba, como la llegada del cine, las vacaciones en familia, las guerras mundiales, …


Cada vehículo expuesto estaba perfectamente acompañado de un diorama que ayudaba a entender el contexto en el que se enmarcaba en el momento de su lanzamiento, o la importancia que tuvo en la sociedad de la época.


Si la tercera planta era historia, la segunda era pura emoción, pues recogía una selección de los automóviles de competición más importantes y espectaculares de todos los tiempos. Fórmula 1 de todas las épocas y marcas creaban una parrilla cronológica espectacular, confeccionada en su mayoría por monoplazas de macas como Ferrari, Maserati y Alfa Romeo, y se convertía en el mayor reclamo de la planta, pero no el único, pues mitos del automovilismo como el Lancia Delta HF Integrale o el Alfa Romeo 155 DTM brillaban con luz propia en sus respectivos atriles.


La planta baja —recordaros que empezamos por la tercera planta—, recogía algunos de los diseños y prototipos más importantes de la historia de la automoción. Modelos que derivaron en vehículos de calle y otros que se quedaron en simple experimentos y que por desgracia jamás vieron la luz. Mención especial al Pininfarina Mythos, uno de los concept car más espectaculares de finales de los ochenta, y del que nació el magnifico Ferrari F50 —aquí puedes deleitarte con el reportaje que le dedicamos—, o al hiperlativo Mercedes C112, un modelo completamente funcional que al final la marca de la estrella desestimó lanzar al mercado.


Fueron dos horas de recorrido que pasaron de manera fugaz, y es que cuando algo se disfruta de esta manera, tempus fugit. No sé si alguna vez habéis tenido la oportunidad de visitar este magnífico museo, pero si no es así, quizás deberías marcar Turín como propósito de este año que acaba de empezar.

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