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Garaje

Jaguar XJR: De cuando adquirí una unidad única en el mundo

Capítulo 3: Habitáculo y la carrocería

Con el puesto de mandos detallado, el resto del habitáculo fue el siguiente en claudicar ante las microfibras, cepillos y la variedad de productos. En el lado del pasajero la suciedad no era tan acusada, pero no por ello no existía.

Antes de limpiar, me percaté de que un botón situado en el lateral del asiento estaba ligeramente salido. Dicho botón se encargaba del reglaje lumbar del respaldo, y por alguna razón no funcionaba. Así que lo desmonté para intentar averiguar dónde residía el fallo, y al abrirlo resultó que uno de los terminales que hacía contacto al pulsar se había soltado. Tan fácil como colocarlo en su posición inicial y comprobar que de nuevo obraba de manera correcta.


Ahora sí, tocaba detallar el resto del habitáculo. La escasez de kilómetros y el uso tranquilo que la berlina inglesa había llevado se dejaban notar en el interior, que no presentaba ningún desgaste, una suerte sobre todo para los asientos de cuero y su rareza, ya que los XJR eran los únicos que llevaban los ribetes en el mismo color de la carrocería, creando en algunos casos combinaciones un tanto curiosas.


Una vez todo detallado, el interior lucía como merecía un coche de semejante categoría


Pero el exterior no acompañaba. De nuevo no era la falta de cuidados, si no el desconocimiento de aplicarlos de manera correcta. El British Racing Green no lucía como debiera. Era verde, sí, pero le faltaba homogeneidad y profundidad. La carrocería en su totalidad presentaba un extraño velado, y numerosos swirls, causados con casi total seguridad por los túneles de lavado y el agua secada al natural. Además, como es normal en un coche de semejante edad, el paso del tiempo y el uso habían dejado diferentes heridas de guerra, de mínima importancia, y  decoraban algunos de los paneles.


Por suerte, descontaminar el coche con clay bar descubrió que la buena vida que se suponía había gozado era real, y es que pese a pernoctar en el centro de la ciudad, no presentaba grandes símbolos de contaminación adherida. Tres pasos de pulidos fueron necesarios para devolver el brillo original a la pintura. La parte trasera fue la primera beneficiada, a la que siguió el resto del coche.


Continuará…

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