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Garaje

BMW 520i (E34): Alma gemela

Hay coches que nacen predestinados a ser nuestros. Para siempre.

Este BMW Serie 5 es el alma gemela de Ángel, un mecánico jubilado que conoció a su coche mucho antes de que fuera suyo.

Mister T: Buenos días Ángel. Bonito 520i, tiene pinta de estar muy en forma.

Ángel: Buenos días. Pues sí, y eso que aquí donde lo ves ya supera los 350.000km. Lo intento conservar de la mejor manera posible y cualquier pequeña avería que le surja la arreglo, además de hacerle siempre un mantenimiento preventivo.

Mr. T: Como debe ser. He oido que esta unidad tiene detrás una historia muy especial para ti. ¿Cuánto tiempo hace que lo tienes?

A: Es mío desde el año 2001.

Mr. T: Pero lo conoces de antes

A: Casi desde que salió de la fábrica. En el año 1991 trabajaba en un taller en el que estuve 25 años, y en el cual se vendían coches nuevos, comprados directamente a concesionario. Gestionábamos los pedidos para los clientes, íbamos a buscar el coche, lo matriculábamos y en el taller realizábamos la pre-entrega. Antes era muy diferente, y a muchos coches se les instalaban elementos a posterior de fábrica, pero antes de que el cliente lo tuviera, como el aire acondicionado o kits de opciones que las mismas marcas facilitaban. A este BMW le instalé la radio y la alarma con cierre centralizado antes de entregarlo, tal y como había pedido el cliente. Las llantas y el kit interior de molduras de madera, que costó 100.000 pesetas de la época, lo instalaron en BMW Keldenich, un antiguo concesionario de Barcelona. Imagínate el conjunto, con ese color verde metalizado —Islandgrün metallic—, las llantas BBS de panel de abeja y el interior en madera. Me enamoré al momento.

Mr T: Normal. Y con todo listo, se le entrega al cliente, y a disfrutar.

A: Y vaya si lo disfruta. Durante diez años. Y viene al taller a realizar todos los mantenimientos, todos hechos por mí. A cada visita más me gustaba. Y su dueño, un pequeño empresario, no escatimaba en nada. 

Mr. T: Vamos, que es como si otro hubiese conducido tu coche.

A: Más o menos si, (risas)

Mr.T: Y llega el año 2001.

A: En el año 2000 ya hubo un primer intento de venta. El dueño me comenta que está pensando en vender el coche porque ha cogido unos perros y no los quiere meter en los asientos de atrás. Me deja el coche todo un fin de semana para que lo pruebe. No llegaba a 180.000km, y el motor sonaba redondo. El coche parecía nuevo. Se lo enseñé a mi mujer y a mis hijos. Nos fuimos a dar una vuelta con él,… El lunes lo dejé de nuevo en el taller para devolvérselo. Después de una semana se arrepintió, pues le tenía mucho cariño y no quería venderlo. Tenía más coches y con esos llevaría a los perros.

Mr.T: Menos mal que sé que la historia acabó bien, porque ya me estoy poniendo nervioso ¿Que pasó después?:

A: Yo ya me había olvidado del coche, me había hecho a la idea de que no lo vendería. Además, como no lo sacaba mucho, apenas pasaba por el taller. Pero un día de Abril del año 2001 se presentó con un BMW 325i —e46— ranchera, para llevar a los perros. Y me preguntó que si el BMW me seguía interesando. Recuerdo la conversación como si fuera ayer: “La casa me ofrece 1.500.000 pesetas por él”. Fue el año en que pesetas y euros convivían, y los viejos aún nos defendíamos con las antiguas (risas). La pena es que, en aquella, yo solo disponía de 800.000 pesetas, y el BMW se volvía inalcanzable. Pero su respuesta fue del todo inesperada: “Para que lo compre otro que lo maltrate te lo vendo a ti por 800.000 pesetas que sé que estás enamorado y lo vas a cuidar”

Mr.T: Guau. La piel de gallina. Estabais predestinados.

A: Eso parece. Lleva conmigo 18 años, y otros 180.000km más. Y no lo cambio por nada del mundo. Como anécdota, hace poco coincidí con el antiguo dueño en un restaurante, y me preguntó si aún tenía el coche. Se quedó alucinado cuando mi hijo, que se lo acababa de llevar a Mónaco de vacaciones, le enseñó unas fotos que le habían tomado.

Mr.T: Que bonita historia. Ha sido un placer descubrirla. Y descubrir tu coche. Es precioso.

A: Sé que no es el más rápido, ni es el más equipado, ni es el más potente. Pero es mi BMW, desde el día que nació.

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