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El Retrovisor

Lamborghini Reventón: De casta noble

En el año 2007 la firma de Sant’Agata sorprendió al mundo con el más fiero astado hasta la fecha

Nunca pensamos Míster T. y una servidora que, en nuestras varias escapadas al principado monegasco, tendríamos la oportunidad de ver semejante vehículo en sus calles. Claro que si había algún lugar donde se dejase ver, no podría ser otro que Mónaco. Pero las estadísticas de producción y venta no eran propicias para ello, pues su fabricación fue limitada a veinte unidades, de las cuales solo siete se quedaron en Europa. Por eso, cuando vislumbre su esfinge en la lejanía, no pude más que detenerme e inmortalizar todos los flancos de un astado tan único como espectacular.


La muerte como nombre

El 30 de Mayo de 1943, un jovencísimo diestro llamado Félix Guzmán, de apenas veinte años de edad, encontró la muerte cuando el astado al que iba a torear le corneó su ingle con trágico resultado. Su verdugo, un toro de la ganadería de Don Heriberto Rodríguez, respondía al nombre de Reventón, Y Lamborghini bautizó de igual manera a su nueva criatura.

Un vehículo estacionado debe crear un sentimiento diametralmente opuesto al de un morlaco en carrera hacía una misma, pero reconozco que observar el frontal por el objetivo de la cámara era como ver un animal salvaje por la mira telescópica  de un rifle, sabiendo que en cualquier momento arrancará a correr con tal poderío que será imposible tan siquiera asimilarlo.

Y es que sobre la base del Murciélago, que llevaba seis años en el mercado, la firma de Sant’Agata Bolognese creó un superdeportivo que sorprendió a propios y extraños gracias a un diseño agresivo y de marcada inspiración aeronáutica. La carrocería, de líneas rectas y planos muy marcados, estaba realizada en su totalidad de fibra de carbono, y pintada en un color descrito por la propia marca como un gris opaco medio sin el brillo habitual; una suerte de verde grisáceo compuesto por partículas metálicas que alteraban su tonalidad según su interacción con la luz solar.


Los pilotos también fueron rediseñados, aprovechándose de la tecnología LED, tan común a día de hoy pero una rara avis trece años atrás. Así los delanteros recibieron siete diodos por cada foco que hacían la función de luz diurna, siendo el primer Lamborghini en incorporarla, mientras que las luces traseras presentaban un esquema incoloro, iluminándose los diodos en forma de triple flecha para luz e intermitencia, y ayudando aún más a realzar la espectacularidad de la trasera, que recibía un nuevo difusor para generar mayor carga aerodinámica a altas velocidades.


Las llantas, de cinco brazos, también eran de diseño exclusivo y su forma de turbina ayudaban en la refrigeración de los discos de freno, también de carbono y de 380mm de diámetro.

Un caza en el asfalto

El interior bebía de la misma inspiración aeronáutica. Asientos de nueva factura terminados en cuero negro y alcántara de tono verde, la misma que cubría gran parte del interior junto a carbono y aluminio, daban la sensación de estar sentado en el puesto de mando de un caza. Y es que hasta el cuadro de instrumentos fue rediseñado, formado ahora por tres pantallas TFT, donde se mostraban no solo la velocidad y las revoluciones de giro del motor, sino que además contaba con un medidor en 3D de fuerzas G para aceleración, frenado y desplazamiento lateral, en la que un punto se desplazaba a través de una red virtual.

Las tres láminas de vidrio que conforman el portón trasero no solo sirven para evacuar el calor que emite el propulsor, nos permite además admirarlo en todo su esplendor. La mecánica era la misma que montaba la versión LP-640 del Murciélago, un V12 de 6.5litros a 60º que, gracias a varios retoques electrónicos, aumentaba en 10cv su potencia, para detenerse en los 650cv, extraídos a 8000 rpm. Semejante caballería era capaz de lanzar al Reventón a 100Km/h en 2,9 segundos, y seguir avanzando sin cansancio hasta los 358 Km/h.


Con el Reventón, Lamborghini abrió la caja de las ediciones muy limitadas, a las que le siguieron modelos como el Sesto Elemento, Veneno y Centenario, vehículos considerados obras de arte y que rara vez pueden verse fuera de un garaje o museo. Pero si alguna vez te encuentras con uno de ellos en libertad, limítate a acercarte y disfruta observándolo como si de una especie en extinción se tratase.

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