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Coches que quizás no conocías

Monica 560: Jugando a ser mayor

La tozudez de un joven ingeniero francés por disfrutar de un vehículo de lujo patrio dio como origen a esta desconocida berlina.

Arnaud Tastevin adquirió en el año 1930 el Atelier et Chantiers, ubicado en Balbigny, Francia. La empresa se encargaba de la fabricación de equipos para minería y ferrocarriles. Su hijo, Jean Tastevin, un joven ingeniero graduado en la École centrale du Paris, lo sucedió al frente de la misma en el año 1955, convirtiéndose en presidente y director general. Le cambió el nombre a Compagnie française de produits métallurgiques -CFPM-, y comenzó a especializarse en la fabricación y posterior alquiler de vagones cisterna de ferrocarril, hecho que hizo prosperar a la empresa, la cual llegó a tener más de 400 trabajadores.

El sueño francés

El joven Jean era un entusiasta de los automóviles, y su acomodada posición le permitía adquirir y disfrutar deportivos y berlinas de la talla de Aston Martin y Facel Vega. La desaparición de esta última le entristeció de sobremanera, pues deseaba tener un automóvil francés con la clase que tenían los Jaguar de la época.

Tastevin, que llevaba tiempo pensando en diversificar su negocio ferroviario, vio la oportunidad de crear una marca de automóviles. A su favor tenía los conocimientos sobre el metal y el lugar para ensamblar los futuros vehículos, la fábrica de Balbigny. Así con todo, en el año 1966 nace Mónica, la nueva firma de automóviles nombrada como la esposa de Jean.

Monique Tastevin con el coche que llevaba su nombre

Pero si el desarrollo de un nuevo vehículo es siempre una empresa difícil para una marca consagrada, la dificultad para un recién llegado a la industria tornaba en una meta casi inalcanzable. La inexperiencia y el perfeccionismo de Jean se tornaron un combo explosivo, que le hizo dilapidar una gran cantidad de capital. Tuvieron que pasar siete años, vicisitudes, cambios de mecánicas y negociaciones con diferentes motoristas para que finalmente el Monica viera la luz en el salón del automóvil de Ginebra de 1973.

La nueva criatura se movía gracias a un V8 de origen Chrysler de 5600 c.c., que, tras las mejoras realizadas para la ocasión, rendía 285cv a 5400 rpm, entregando un enorme par de 451N.m

Tocado…

El importe de venta del nuevo modelo era de 164.000 francos de la época. Para hacernos una idea del posicionamiento del 560, un Rolls Royce Silver Shadow costaba solo 1000 francos más.

El precio, elevado, no era para nada descabellado. A cambio el comprador recibía una berlina de lujo que se presentaba como la más rápida del mundo en el momento, capaz de alcanzar los 240Km/h.

Los materiales de más alto nivel y los últimos avances tecnológicos estaban presentes en el Mónica. El interior recibía cuero Connolly para los asientos, lana Shetland para la moqueta y madera de olmo y ante, con los medidores Jaeger personalizados con el nombre de la marca.

Un equipo de alta fidelidad con reproductor y grabadora integrados, un sistema de aire acondicionado con controles separados para los pasajeros del asiento trasero, y un sistema de apertura y cierre eléctrico de puertas, remataban el lujoso salón rodante. En el maletero se incluía un juego de maletas personalizado, para afrontar con la máxima elegancia cualquier viaje.

En el apartado técnico destacaban los discos delanteros integrados de cuatro pistones, y los traseros de tres pistones y once pulgadas, una dirección asistida de piñón y cremallera unida a un volante regulable, y una suspensión trasera neumática autonivelante.

…y hundido

El Mónica tenía un opulento equipamiento, unas prestaciones de infarto para una berlina, y una avanzada tecnología, pero carecía de caché en un segmento en el que el nombre y la imagen de marca era una variable de peso, y eso ahuyentó a los futuros compradores.

Para más inri, el inicio de la producción del Monica se demoró un año más desde su presentación, y para entonces ya fue demasiado tarde. La primera crisis del petróleo le dio al modelo la puntilla definitiva, pues la gente perdió el interés en un coche que bebía como un irlandés en San Patricio. Francia impuso nuevos límites de velocidad y grabó a estos vehículos de lujo con impuestos más altos (la misma suerte corrió el Citroën SM). Tastevin cerró su empresa a principios de 1975, tras haber fabricado unas 22 unidades y no llegar a vender ni una. Se calcula que solo seis Monica sobreviven hoy.

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